El rincón de los milagros

San Lázaro después de la Caridad del Cobre es el santo más venerado por los creyentes en Cuba, ya sean católicos o yorubas, incluso ateos en momentos desesperados acuden a los pies del santo en busca abrigo y asistencia.

 El Santuario Nacional de San Lázaro es una pequeña ermita emplazada a orillas de un poblado situado al oeste de Santiago de las Vegas, llamado “El rincón”, del cual toma su nombre popular. En su parte posterior existe un moderno hospital dedicado a tratar afecciones de la piel.

 El actual santuario fue antiguamente el Real Hospital de San Lázaro o Leprosario de San Lázaro, dedicado devotamente al tratamiento de la lepra, fue construido en 1781, originalmente en al área donde hoy se encuentra el Hospital Ameijeiras y durante muchos años la iglesia que se hallaba junto al hospital era visitada por devotos en busca de amparo y socorro.

 A comienzos del siglo XX se determinó su traslado hacia las afueras de la ciudad, construyéndose el actual complejo en 1917.El Hospital de San Lázaro, en 1917 en El Rincón, Santiago de Las Vegas


 En muchos hogares cubanos constituye tradición sagrada, a veces sin siquiera ser religiosos, encender una vela para el milagroso santo los 17 de diciembre y me arriesgo a decir que casi todos los cubanos en algún momento de la vida hemos pisado el Santuario del Rincón.

Este santo lugar recibe incontables visitas, religiosos de credos muy variados, unidos por su fe en el “milagroso viejito”,  llegan hasta él jurándole promesas a cambio de que realice el milagro que tanto anhelan.

 Los días del tan querido santo puedes verlos regresar cargando con amor flores y ofrendas, sumidos en un mar de fieles que llegan vestidos con ropas de yute y cintas moradas, algunos peregrinando desde largas distancias en cumplimiento a lo prometido, otros de rodillas arrastrándose con lágrimas en los ojos hasta los pies del santo en un derroche de agradecimiento y devoción.

 Hace muchos años, de la mano de mi padre, en los días previos a la festividad del 17 de diciembre,

tropezamos con un anciano ataviado con harapientas ropas de yute, su rostro mugriento por el polvo de la calle y en su tobillo un grillete atado a un gran pedrusco, el agotamiento se reflejaba en su semblante pero aun así, seguía arrastrándose por el suelo, de espaldas hacia su destino moviendo lentamente la enorme roca, mi padre, devoto de San Lázaro sin ser católico ni mucho menos, se le acercó y le señaló la dirección correcta y preguntó la razón de tan sacrificada promesa: -el viejo Lázaro salvó a mis hijos – contestó esbozando una sonrisa fatigada y siguió lentamente su camino.

  Y es que son incontables los que atestiguan los favores concedidos por el milagroso que une a millones de cubanos y que según la tradición popular bendice a pobres y enfermos con su eterno amor y pura protección 

A mi madre❤

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